Crónica de una aventura
He querido escribir estas líneas para agradecer públicamente a todos su
amable acogida. ¡Mil gracias de todo corazón!. Quiero agradecer especialmente a
Betina y Germán su recibimiento; me sentí como en casa. Betina y yo tenemos un
carácter parecido y gustos semejantes en lo que respecta al dobermann.
Más allá de los King's Fire, vi. algunas cosas muy interesantes y extraje
ciertas conclusiones:
- Detecté cierta tendencia a despreciar para show algunos ejemplares interesantes pero de carácter fuerte, al menos por lo que me contaron. Es una pena que se desprecie lo más completo en cuanto a tipo por las “perspectivas en show”. Un perro con carácter no es un perro fuera de control, pero el conocimiento del carácter, sus secretos y sus técnicas, es más difícil que la evaluación de la conformación –la conformación se ve pero el carácter es más sutil- y necesita de buenos profesionales que encaucen y controlen los instintos naturales. Es una pena porque queda materia prima, pero si la selección sigue en esta dirección pronto no quedará nada. Escuché de una perra desechada, no por su belleza o su salud sino por su carácter, que me hubiera traído para acá con los ojos cerrados. Si fuera más joven y mi programa fuese más ambicioso, me hubiera traído para acá otras dos perras muy interesantes, pero ya no me quedan ganas de tanto lío…
- Existe una tendencia, como me temía antes de mi visita, a aligerar el tipo y homologarlo absolutamente con lo que se ve en las pistas norteamericanas. Creo que el equilibrio está en el punto medio. Después de Lex veo una inclinación generalizada por mezclar con la línea Cryptonite, Cactus Cash, etc. y creo que por ahí no hay salida, aunque los resultados de pista digan otra cosa. Si mezclamos dos tipos de leche, la mezcla se acaba cortando pasado un cierto tiempo, la única forma de conservar la leche es hacer queso y con esta mezcla falta cuajo y sobran problemas para hacer un buen queso. Creo que hay que equilibrar más las cosas, pero cuando se manejan las cantidades de dinero que escuché –absolutamente descabelladas y mareantes- es difícil mantener la sensatez. Dice el refranero español: “Por dinero baila el perro, y por pan si se lo dan, y no por el son que toca el ciego”. Son malos tiempos para la poesía; ahora me explico muchas cosas.
Me traje a Ossira King's Fire, una perra con mucha clase, fuerte, muy corta, tórax
amplio, algo más pequeña que sus hermanas de camada, fuegos excelentes, ojos muy
negros y con forma adecuada -almendrada pero no achinada-, buenos paralelos,
excelente expresión, muy extrema, con mucho hueso para lo vuestro -justo para
nosotros- y un carácter con mucha chispa –era la alfa de su camada-. El conjunto
cuello, frente y hombros es una “rara avis”, un tesoro que posee también su
hermano Hummer, tesoro al que espero sacar el mayor partido en sus hijos. Son
los mejores hombros que he visto nunca en un dobermann de aquí o de allí, con
una relación escápulo-humeral perfecta en un ángulo muy corto 105º, el esternón
es brutal pero no en una caja toráxica escasa sino coronando una caja amplia,
muy profunda y descendida desde delante, y un cuello fuerte integrado
progresivamente en la línea superior, con una leve curva que precede a la cabeza
y apto para el trabajo de ataque por su solidez.
Resistió muy bien el interminable viaje de vuelta –mejor que yo-, salió de la
caja después de casi 24 horas encerrada –aunque salió en Madrid de la caja
durante el tránsito-, bebió, comió, hizo un gran pipí y un gran popó, levantó el
rabo, se paseó por la casa y el jardín, investigó todo con mucha confianza y sin
dar nunca un paso atrás, impasible ante los ruidos, como si fuera su casa de
toda la vida. Un comienzo esperanzador para mi argentinita. Ahora debe empezar
el trabajo sereno y riguroso del día a día, incentivar sus rasgos de carácter
hasta que llegue la hora de la verdad en la que pueda pasar la exigente prueba
del ZTP -antes deberá haber pasado el examen de HD del DV y el BH-, una prueba
difícil que puede definir mucho su valor aquí. Entretanto estarán las
exposiciones de belleza donde habrá que lograr que se acepte lo evidente –es una
gran perra si no se malogra-, más allá de lo políticamente correcto aquí.
Quizás Ossi –nada que ver con Ozzy- no sea una perra adecuada para las
exposiciones de belleza argentinas, porque el tipo que se ha impuesto ahí es de
perras más ligeras y estrechas, algo más largas de patas y algo rectas delante,
con la habitual relación escápula corta-húmero largo de los perros americanos
-orientado para hacer un ida y vuelta arregladito-, así que todos contentos.
Sonia García Hernández